jueves, 8 de enero de 2015

Mujeres, islamistas y viceversa.


              No comparto lo que dices pero defenderé el derecho a que lo digas. Voltaire



            Llevamos poco más de una semana de 2015 y ya ha habido temas sobre los que todo el mundo se ha pronunciado o al menos lo debería haber hecho.
En este país nos interesa mucho hablar de libertades individuales y de derechos, en este caso, el tema Pedroche ha sido el comienzo ideal del año. Unos defienden que es libre de vestir como quiera (cosa totalmente cierta).

Otros que su forma de vestir no influye en su profesionalidad ni tampoco ha sido impuesta por nadie (aquí ya a algunos les chirría que la gente opine así).
Pero mientras os quedáis en debates estériles sobre los derechos a expresarte libremente, cuando no os termináis de dar cuenta de que si algo podemos por suerte disfrutar, es del derecho a decir lo que queramos sin que pase nada por ello.

Ese derecho que muchos creen más que arraigado, a veces parece que sospechan que dicha libertad sólo vale cuando lo que dicen ellos es lo mismo que opina uno mismo. 

Y es por eso que más de uno, de dos, o todos aquellos que se enervan por el vestido de la Pedroche, deberían tener la decencia de ver noticias relacionadas con el tiroteo de ayer contra Charlie Hebdo, en París.

Porque ahí, es donde de verdad la libertad de expresión está cobrando sentido, donde un grupo de personas simplemente por expresar sus opiniones han encontrado la muerte. 

 Y obviamente, ni mucho menos a ser asesinados por semejantes opiniones. Así que sólo un consejo (opinando claramente), cuando ejerzáis vuestro derecho a opinar, en cualquier tema, por trivial que sea, recordad que no es ni el único punto de vista, ni una verdad absoluta, ni mucho menos un motivo de enfrentamiento.
          Feliz 2015

PD: La frase de Voltaire, también vino de Paris.

martes, 9 de septiembre de 2014

A dedo mata, a dedo muere

Ya está confirmado, Ana Botella no será candidata del Partido Popular a la alcaldía de Madrid en 2015. Parece lógico, su mandato no ha estado precisamente plagado de éxitos. Las mayores aspiraciones para relanzar la ciudad en el plano internacional han caído en saco roto y el hastío de algunos madrileños con los recortes se ha hecho patente (transportes públicos o basuras por ejemplo). Aunque quizás Ana Botella haya recortado parte de esa deuda que acucia a la capital. Las cuentas estarán disponibles en breve.

Ana Botella durante la rueda de prensa hoy


Pero su renuncia no deja lugar a dudas, la dedocracia cumple perfectamente su función. Aunque su decisión en teoría haya sido personal, renunciando a presentarse a las elecciones, queda claro que quizás ella haya decidido saltar al precipicio político porque había gente detrás empujándola. Y es que es muy difícil repetir en unas elecciones cuando se ha entrado por la puerta de atrás y con la pesada losa de ser elegida por el aparato del partido. Nada nuevo en la política española, pero para estar en la primera línea de combate, es aún más complicado ocultar esa realidad.

De esta manera, Ana Botella deja temporalmente la política como llegó, desde el backstage que el público y el electorado no ve. Algo menos de cuatro de años de mandato con más sombras que luces en las que su mérito político ha quedado completamente eclipsado por algunos momentos realmente deshonrosos. Dicho esto, el Partido Popular parece que aunque despacio, toma ciertos apuntes del sentir popular (valga la curiosa antítesis) y decide apear del carro a una persona que no ha sido elegida directamente, y es que, para el PP es preciso cuanto antes salvar el puesto de la alcaldía que a la alcaldesa. Una persona con unos índices de popularidad que han ido bajando desde su nombramiento y que en la actual situación, pueden ser más un lastre para el partido que un valor al alza. Un lastre que además ha tenido la poca decencia de anunciar su no candidatura sin admitir preguntas de la prensa. Sólo queda para los madrileños pensar los 8 meses que le quedan a la alcaldesa.

Así es la dedocracia, siempre será una puerta trasera, giratoria, pero trasera. Ahora para el Partido Popular sólo queda esperar que esta decisión no suponga un desaire para el matrimonio Aznar-Botella y que el expresidente y la futura exalcaldesa decidan abstenerse de hacer campaña, o incluso, hagan campaña sin querer a favor de los rivales. Y lo que es más importante, que Botella no se presente a las elecciones no significa que el PP sepa quién será el candidato, sólo descarta una opción. Parece que ningún partido confía en un nombre para sentarse en Cibeles a 8 meses de las elecciones, quizás sea más miedo a sentarse en el Palacio de Correos que a cualquier otra cosa.

jueves, 28 de agosto de 2014

Real Madrid Sociedad Anónima

Soy del Real Madrid y lo he sido y seguiré siendo siempre, pero cuando veo los acontecimientos de las últimas semanas, me empiezo a plantear cosas. El club de mi vida, ese con el que he sufrido pero también he gozado, hace cosas que realmente se me escapan. Aunque quizás no las haga el club, si no quien lo dirige.
Porque esa persona que lo dirige, según las cuentas de resultados de sus empresas es un excelente gestor que ha trasladado parte de su éxito al Real Madrid. El problema es que el Real Madrid no es una empresa y aunque sea de sus socios, implica ciertos valores que durante años los aficionados intentamos representar.
Son esos mismos valores que gente como Xabi Alonso, Diego López o Ángel Di María han intentando encarnar en mayor o menor medida. Son valores de entrega y sacrificio, valores de buscar la victoria sin humillar al rival, son el orgullo pero sin altanería, en definitiva, son valores que implican poder presumir de coraje y señorío pero sin convertirse en los únicos portadores de ello.
El problema es cuando el club se ha convertido en una sólo una empresa más, una empresa donde lo importante es sobre todo cuadrar las cuentas y donde es preciso lucir mejor sobre el papel de los ingresos y gastos que en las vitrinas de trofeos. Donde realmente debe estar un club de fútbol.
Un club que viene de hacer una de las mejores temporadas de su historia, con una plantilla que ha permitido ganar Champions y Copa y quedar terceros en Liga, pero sin embargo, parece que estos motivos no son suficientes a la hora de dar continuidad a un proyecto y por eso es necesario dar amable puerta a algunos jugadores.
Podemos hablar de Di María, al que ahora se califica de pesetero pero con el que todos nos levantamos en el minuto 110 de la final de Lisboa, un jugador que ha sabido representar los valores del madridismo pero que ha salido por la puerta de atrás, eso sí, cerrando la salida con muchos billetes.
Se puede hablar de la actitud resignada de Diego López, un jugador que se ha encontrado en medio de una polémica que el no creó y a lo único que este jugador se ha dedicado ha sido a hacer su trabajo lo mejor posible, si eso es un delito en el Real Madrid, que venga Dios y lo vea.
Pero podemos hablar de Xabi Alonso, parece que se va, unos meses después de renovarle por dos años resulta que tras la llegada de SÓLO UN JUGADOR en el mediocampo (Toni Kroos) Alonso va a ver reducidos sus minutos de manera que la mejor solución es que deje el equipo, y como somos muy majos y gentiles, por los servicios prestados, no pondremos trabas a la marcha.
¿Realmente se tiene que ir? ¿No ha sido Alonso, uno de los líderes de este equipo, santo y seña de este Real Madrid que ha aunado modernidad y tradición, uno de los jugadores que más calado tienen entre la afición?. Todo esto parece que no sirve, cuatro días antes del cierre del mercado de fichajes Alonso se va, rumbo al Bayern (para más inri), parece que no caben todos, parece que en el Real Madrid no hay sitio de sobra para gente que represente el madridismo.
Y todo esto hablando desde el plano sentimental, el que me importa, porque el Real Madrid no es un negocio donde lo relevante está más en los balances económicos, si no lo que se consigue en lo deportivo. En ese ámbito deportivo que un año más vemos como a pesar de tener una plantilla completa, por unas cosas o por otras, empezamos a dejar caer piezas fundamentales del esquema.
Otro año más...Lo que nos diferenciaba era el trato, era la representatividad, valores que Alonso ha representado como nadie, y ahora, sin más, le damos la mano, las gracias por los servicios prestados y adiós muy buenas.
Esto no es el Real Madrid señores.

viernes, 22 de agosto de 2014

James Foley era uno más en la cuenta del ISIS.

Occidente tiembla de nuevo, la decapitación del periodista James Foley es sólo un paso más allá en la escalada de barbarie del ISIS que campa a sus anchas por todo el norte de Iraq. El mismo Occidente que permanece prácticamente impasible ante las atrocidades cuando se centran sobre población civil iraquí, ya sean yasidís, chiítas o kurdos. Parece que las imágenes de esta nueva vergüenza son más graves cuando la cabeza que rueda es la de un periodista estadounidense que cuando lo hacen más de 200 personas cuyo único delito ha sido nacer en Iraq y profesar una fe distinta a lo que el ISIS predica.

La lástima es que el predicamento de la Jihad que lleva a cabo el ISIS no pueda tener una respuesta forma desde Europa y Estados Unidos, donde los gobiernos se supone que buscan soluciones, permiten al mismo tiempo que los antiguos ríos mesopotámicos, esos que estudiamos de pequeños como la cuna de la civilización, los legendarios Tigris y Eúfrates ahora descarguen sus aguas completamente rojos de sangre.

Y es que Europa y por extensión Estados Unidos, lleva en su mochila demasiadas cargas morales, históricas y adquiridas, pero también, la más moderna, la de la conciencia ciudadana. Una conciencia ciudadana crecida dentro de límites democráticos (sí, por mucho que a algunos les pese, seguimos disfrutando de más democracia que el 80% del mundo restante) esa conciencia empeñada en legitimar cualquier atrocidad de otras culturas por el mero hecho de serlas y por un extraño convencimiento personal de que se trata de tradiciones o acciones respetables.

Occidente se ata de manos con su sentido de la moral, de la igualdad, de la comprensión de los demás y de la no injerencia en los asuntos de otros países, aunque realmente, lo que significa es un absurdo convencimiento en que las cosas nunca nos salpicarán de tal forma como para afectarnos, seguiremos pensando que Europa está muy lejos de Iraq y que eso aquí no pasa (una actitud muy europea también) mientras tanto, el ISIS donde por cierto, más de un cuarto de sus militantes son musulmanes occidentales, que han establecido en Iraq un Califato Islámico que amenaza con conquistar el mundo entero.

Mientras Europa y Estados Unidos hablan de lo incorrecto de intervenir en asuntos de otros países, por dramática que sea la situación, además de lo caro que resultaría participar en operaciones militares de nuevo en la zona, donde la pesada losa de las actuaciones estadounidenses previas suponen un acicate constante de la opinión pública para criticar el "imperialismo yanqui", mientras Iraq se desangra de nuevo, por viejas heridas que Occidente contribuyó a crear pero que no son sólo responsabilidad suya, mientras un grupo de bárbaros amenaza a todo aquel que sea distinto, cometiendo atrocidades a lo largo y ancho de todo Iraq, un Estado fallido con la inestimable ayuda de Europa y Estados Unidos.

Cuando todo esto sucede al mismo tiempo, Occidente, Europa, Estados Unidos, o como se quiera llamar a todo el grupo de países que de verdad contemplen la barbarie que el ISIS está llevando a cabo en Iraq es algo que se escapa a cualquier concepción cultural, social y religiosa y se empiece a llamar a las cosas por su nombres, es decir, como verdaderas aberraciones y peligros reales. Entonces será cuando nos demos cuenta del peligro real de permitir que estas cosas sigan sucediendo.

Los gobiernos democráticos tienen que tomar la decisión impopular de actuar contra este ejército, usar la fuerza de toda la comunidad internacional para acabar con una amenaza real que no entiende de fronteras, religiones o idiomas. El ISIS y el Estado Islámico no es un juego de niños, no son cuatro encapuchados que se han "echado al monte" es un peligro latente con el cual no se puede negociar. Y sobre todo, detrás no tiene una base social y cultural en la que basarse como para defender un territorio y calificarlo como propio, es tan sólo un ejército de mercenarios que han aprovechado la situación para reventar lo que queda de Iraq.

Aún hay tiempo para actuar, pero el reloj una vez más, corre en nuestra contra.





jueves, 14 de agosto de 2014

Madrid huele a Fahrenheit (451) y a quincenas.

De momento no llegamos a los grados de la novela de Bradbury, y según los expertos en satélites lo peor del verano ya ha pasado, pero en Madrid, siempre llueve sobre mojado, o en este caso, abrasa sobre secado.

Veranos en Madrid. Puro Fahrenheit.


Madrid en verano se convierte en esa ciudad fantasma que algunos desean, una ciudad accesible, la excusa perfecta para los que piensan que durante el resto del año aquí sobran unos cuantos habitantes, siempre de una manera educada, no seamos tan extremistas. Esa época donde aparcar es más fácil y más barato, donde las aglomeraciones se han evaporado como una barra de hielo dejada en pleno Callao y donde las calles parecen más transitables que nunca. Es efecto del calor, no nos engañemos.

Y es que los veranos en Madrid son doblemente verano, a la amable ingratitud del clima continental mesetario se suma la fuga constante de madrileños y acogidos, que en esta época del año vuelan. Un vuelo literal, como el de las aves migratorias, una vez que el tiempo se muestra poco acogedor deciden aprovechar destinos con mejores condiciones climáticas. Lo llevan haciendo estos animales durante siglos, al fin y al cabo, algo nos queda.

Pero a la intransigencia climática se suma la desbandada colectiva propia de un año donde todos hemos sido buenos y nos hemos portado bien, como si fuera una carta a los Reyes Magos y por eso, se aprovecha el verano para coger infinidad de cosas, desde color hasta copas y bebidas frías, pasando siempre por el muy argentino término de "coger", que parece que el verano invita a ello.


Aunque en toda su amabilidad, el verano nos invita a cambiar nuestra percepción del tiempo, los días son más largos y las noches más cortas, siempre depende para quien, porque el vampirismo veraniego tampoco conoce límites, y eso que algunos llaman ritmos circadianos están algo alborotados.

De todo ese alboroto y cambio de percepción espacio-temporal encontramos lo que se conocen en palabras científicas como quincenas. Las quincenas son a priori simples de comprender pero tienen mucho recorrido. En teoría quince días. Si ahora os paráis a pensar, encontraréis que en ninguna otra época del año se usa tan memorable espacio de tiempo.

Y es que las amables quincenas se usan en verano para acotar mejor las vacaciones, y si ya las llamamos quincenitas, mucho mejor -una quincenita en la playa tranquilamente- dirán algunos. Pero la quincena sirve para alargar el verano de forma críptica, permite crear espacios de tiempo mayores de lo que antes salía un mes, y todo ello aprovechando las minúsculas vacaciones laborales, que en la mayoría de los casos no llegan ni a los 30 días (diría 28 pero no me quiero pillar los dedos, que 28 es más lunar que solar).

Así, nuestros madrileños propios y acogidos aprovechan más el tiempo, porque como en la paradoja de Aquiles y la tortuga, el tiempo se puede convertir en eterno a costa de atomizarlo, sólo espero que nuestros vecinos y compañeros lo aprovechen al máximo. Porque a más de uno estas quincenitas se le hacen cortas, y a otros, a partir de la segunda de agosto, cuando comienza el famoso puente de la Asunción de la Virgen (y que para más de uno es real, se les aparece la Virgen) ya se marca el principio del final, la temida última quincena de agosto.

Mientras tanto los que permanecemos, que no creo que muchos más de los 300 de Leónidas, si tuviéramos que vigilar las Termópilas madrileñas los pocos que quedamos, no conseguiríamos proteger ni la mitad de las entradas de la ciudad.

Sin embargo seguiremos pendientes del termómetro, de los 451º grados Fahrenheit de Bradbury, sin quemar libros pero leyéndolos y dejando la televisión de lado, que si ya durante el resto del año no es apasionante, en verano ya puede ser casi tan insoportable como el calor. Quizás sí, a la televisión en verano si que habría que darle grados, pero los 451º se antojan pocos.

Disfruten del verano y de paso, si han llegado hasta aquí sin saber de que hablo, echen un vistazo a:

Fahrenheit 451. Novela de Ray Bradbury
Fahrenheit 451. Película de 1966 de François Truffaut


lunes, 28 de julio de 2014

¿Y si en el futuro se estudiase a Ken Follett?

           No tengo nada en contra de Ken Follett, aunque tampoco soy un ferviente seguidor de su obra pero creo que el ejemplo es bastante claro. Cada vez que veo Midnight in Paris de Woody Allen, no puedo dejar de meterme en el papel de Owen Wilson y su visión idealizada del pasado en La Edad de Oro. Para Wilson, su Edad Dorada en la cual considera que la vida y el arte se encontraban en su esplendor era el París de los Años 20, esa época en la que le habría gustado vivir y que entiende como el cenit de la cultura humana.

          Cada uno puede encontrar su Edad Dorada en la época que quiera, es lo mágico de la historia, que puedes situarte en el tiempo que desees y disfrutarlo como quieras, pero eso, a veces, me resulta aterrador cuando pienso en el pasado y lo traslado al futuro. Y es aquí donde entra el señor Follett.

          Cuando se estudia literatura hoy día, y no me refiero sólo al nivel más básico de la educación primaria, la erigimos en algunos pilares básicos de la cultura occidental moderna y contemporánea (los clásicos romanos y griegos, salvo en contadas excepciones son estudiados en profundidad) y la literatura medieval sufría parte de la oscuridad de su tiempo.

          Por eso cuando creamos nuestro librería moderna la construimos dependiendo del país en función de unos autores u otros, pero Cervantes, Calderón, Shakespeare, Moliere, Bocaccio o Dante se convierten en pilares fundamentales de la cultura europea. Unos pilares que a partir del siglo XVIII y XIX se reforzarán a base de romanticismo, realismo y naturalismo, que añadirán otro buen puñado de nombres al saco, encontraremos a Dostoievski, a Galdós, a Dickens y Wilde, a los herederos de Goethe, Francia aumentará su peso en este saco de manera nunca vista con los Zola, Balzac, HugoDumas.

          Y aparecerá en el horizonte Estados Unidos, un país que apenas lleva cien años independizado pero que comienza a dar síntomas de su pujanza no sólo económica, si no que aspirará a un liderazgo cultural cuyos nombres forman uno de esos sillares de la literatura occidental. Herederos de Europa pero nacidos en América; Steinbeck, Fitzgerald, Hemingway, Faulker, a su vez hijos de Twain, de Poe o de
Hawthorne.

La moderna Imprenta en Berlín, Alemania

          Una lista que se podría hacer eterna si sumamos a los europeos coetáneos de esta generación, la Europa de principios de siglo, prácticamente nacidos y criados durante las dos guerras mundiales, sufrieron el tiempo que vivieron, pero lo disfrutaron para plasmarlo en sus obras.

          Es por eso que me aterra que en el futuro, cuando dentro de cien años, o quizás sólo cincuenta, se empiece a prestar atención a la literatura del tercer milenio y en ella se mezclen grandes obras con bestsellers, el auge de los libros electrónicos, que se mida la literatura por volumen de ventas y no por calidad (aunque desconozco quien tendrá esa varita mágica del discernimiento). Por ello me asusta, que dentro de 100 años, cuando se ponga a prueba la literatura de nuestro tiempo, los nombres que puedan salir sean Follett, sea Stieg Larsson, sea George R.R Martin, o en el peor de los casos, que sean todos los personajes televisivos a los que se les ha dado vía libre para "escribir", esas historias de El tiempo entre costuras o Dime quien soy.

          Quizás no soy justo con estos autores y estas obras, quizás directamente sea un hijo de mi tiempo y dude de todo lo que se crea hoy en día. Quizás las generaciones venideras consideraran a Follett el nuevo Dostoievski o a Stephanie Meyer como la nueva Charlotte Bronte, o que algunos comparen a J.K. Rowling como una sucesora de Virginia Woolf.


         Me queda el consuelo de pensar que estos autores modernos no se atreven por decencia compararse con las fuentes de las que beben, pero siempre puede haber excepciones, igual que si a un estudiante de periodismo que nunca ha publicado más de tres páginas, le da por ponerse exquisito sobre lo que debe y no debe ser estudiado en el futuro.



domingo, 29 de junio de 2014

El Monumento al portero americano

Se está hablando de grandes goleadores y grandísimos futbolistas en este Mundial de Brasil, dominado por el continente americano, donde los ilusos europeos que nos volvimos con la cabeza gacha achacamos entre otros factores a la adaptación climática. Suelen ser excusas del que retorna sin orgullo tras no ser capaz de hacer un papel digno.

Algunos de estas selecciones europeas vuelven a casa con las dudas de la eliminación, otras con la pesada losa de la reconstrucción y otras se consuelan con lo que pudo haber sido. Había vigentes campeones, potencias emergentes, tradiciones consolidadas o equipos ilusionantes, encontramos España, Portugal, Inglaterra, Italia o Bosnia. El honor europeo queda en las botas de Francia, Suiza, Alemania y Países Bajos, son argumentos de peso para hacer frente a América, unas selecciones americanas donde dentro de los nombres de Messi, Neymar, James Rodríguez o Giovani dos Santos encontramos otros héroes, desconocidos en Europa pero que guardan con celo las espaldas de sus estrellas.

Guillermo Ochoa, portero de México contra Brasil. 


Estos héroes, cuyos nombres conocemos de paso en Europa y sólo cuando los vemos en las ligas patrias están dando un recital de paradas y anticipaciones en el Mundial americano. Un Mundial en el que las grandes selecciones europeas llevan en sus porterías a los campeones de las principales ligas del Viejo Mundo, del inglés Hart, campeón con el Manchester City, pasando por Salvatore Sirigu, italiano pero campeón con el PSG francés hasta dos de los grandes iconos de las porterías europeas, Gianluigi Buffon, campeón con la Juventus italiana hasta Iker Casillas, campeón de la Champions y campeón de la vigente campeona. Todos ellos han caído a las primeras de cambio. Sólo Manuel Neuer, campeón con el Bayern de Munich se mantiene en liza, mientras que Hugo Lloris, capitán de Francia y portero del Tottenham guarda los palos de una completa selección gala mientras que el último gran portero europeo se luce en la meta belga, Thibaut Courtois.

Fernando Muslera (Uruguay) contra Inglaterra. Reuters.


Pero mientras los focos sobre los porteros europeos se reduce, se alumbra a los grandes desconocidos del Mundial, el portero americano. Desde Tim Howard, portero de Estados Unidos hasta los patagónicos Claudio Bravo y Sergio Romero, todos los arqueros del Nuevo Mundo han dado la cara. Una cara poco conocida en Europa salvo en aquellos porteros que vemos en los torneos domésticos, unos torneos domésticos dominados por equipos donde lucen porteros europeos y el portero americano apenas tiene protagonismo, y como nos están demostrando, tienen mucho que decir.

Keylor Navas (Costa Rica) contra Inglaterra. EFE

En España tenemos ejemplos claros, Keylor Navas, portero del Levante y de Costa Rica, una revelación en el Mundial en un grupo repleto de campeones del mundo pero jugando en un equipo de la mitad de la tabla en la Liga. Claudio Bravo, portero de Chile y ya flamante fichaje del Fútbol Club Barcelona era hasta hace una semana el guardameta de la Real Sociedad, uno de los equipos de moda en la liga española pero desconocido fuera de España. Una España que tampoco comprendía que Willy Caballero, el cancerbero argentino del Málaga no estuviera ni convocado por Sabella, pero Sergio Romero está callando a esas bocas que dudaban de él.

Sergio Romero (Argentina) contra Bosnia

Esos comentarios se reproducen por todo el continente, por ejemplo con Julio César, un portero que vivió tiempos mejores a nivel de club en el Inter de Milán y al que algunos daban por muerto tras su paso por el Queens Park Ranger inglés, hasta que hoy los ojos han vuelto a él al ser protagonista en la tanda de penaltis que clasificó a Brasil a octavos. Unos octavos en los que también estará David Ospina, portero de Colombia y del OSG Nice, nada menos que decimoséptimo clasificado de la Ligue 1 francesa, que sin embargo está manteniendo a la selección cafetera en un estado de euforia contagioso en todo el país junto figuras como Cuadrado o James Rodríguez.

Julio César (Brasil) en los penaltis contra Chile. Reuters


En la liga francesa también jugaba el guardamente mexicano Guillermo Ochoa, en uno de los descendidos, el Ajaccio corso pero eso no ha impedido que su figura se convirtiera en un foco de atracción tras su épico partido ante Brasil en primera fase, dejando su portería a cero. Ya ven, un portero en octavos de final de un Mundial que sin embargo jugaba en un equipo descendido, suponemos que esto será un espaldarazo en su carrera. Carreras relanzadas gracias a los torneos intercontinentales, otro de estos porteros es el uruguayo Fernando Muslera, que a pesar de marcharse a casa tras ser eliminado por Colombia se ha convertido en uno de los pilares de Uruguay junto a Diego Godín, Luis Suárez y Edinson Cavani, y eso que su nombre es desconocido para muchos aficionados, salvo los turcos ya que defiende los colores del Galatasaray y para algunos aficionados italianos tras un buen paso por el Lazio romano.

Fernando Muslera (Uruguay) ante Italia

Incluso los porteros de las selecciones eliminadas han dado recitales de paradas y han ayudado a mantener las esperanzas de sus equipos. El veteranísimo Noel Valladares, portero de Honduras se marcó su último Mundial con su país dejando el pabellón bien alto y sin grandes goleadas en contra a pesar de ser una de las cenicientas del Mundial. Un papel que no quería compartir la selección ecuatoriana, que mantuvo sus opciones de clasificación hasta el tercer partido contra Francia, donde el portero Alexander Domínguez mantuvo a raya al combinado galo, dejando su portería a cero en este último partido.

Alexander Domínguez (Ecuador) contra Francia.


Todos estos porteros han destacado con sus equipos en mayor o menor medida, ninguno de ellos ha pasado a los resúmenes con clamorosos errores y lo que sí han hecho ha sido reivindicarse, lograr el reconocimiento que merecen a nivel mundial y hacerse visibles para el público europeo que acostumbra a pensar que los porteros europeos son más profesionales y más fiables que el guardameta americano. Este Mundial está sirviendo para reivindicar a estos porteros, que en Europa acostumbran a jugar en equipos menores pero que cuando visten los colores de su selección se transforman en porterazos que merecen todo el crédito del mundo.